¿ES INTERNET EL PELIGRO?

Las últimas publicaciones online sobre las captaciones y los asesinatos yihadistas han horrorizado a unas sociedades que han alzado la voz de alarma sobre la necesidad o no de censurar determinados contenidos que se difunden a través de este dispositivo comunicativo. Pero, ¿es Internet el peligro?

Mundo

Los sociólogos Berger y Luckman llamaron “pluralismo moderno” a la coexistencia de distintos sistemas de valores en las sociedades democráticas occidentales y no dejaron de referirse a las crisis que las distintas industrias de producción de sentido albergarían en su mismo corazón. [1]

Las enseñanzas de estos autores que, sin embargo, se referían a los medios de comunicación de masas, y no a Internet, nos inducen a que reformulemos la pregunta inicial con un poco más de precisión; en efecto, si los mass media ponen el énfasis en la capacidad interpretativa de receptores aislados de toda posible interacción, y si el espacio comunicacional surgido de la interconexión de los ordenadores ha roto precisamente esos aislamientos posibilitando la interactuación entre sus participantes, ¿no convierte este hecho a Internet en el peligro a desterrar al implicar cada una de las difusiones que introducen los usuarios en sus navegaciones nuevas fuentes de información que imposibilitan preguntar por la viabilidad de un sentido global común? O, formulada la pregunta de otra manera: ¿La heterogeneidad de los sentidos compartidos por cada participante condenan a la humanidad a una ingobernabilidad atroz, a un nomadismo ideológico desquiciante?

Las preguntas se contestan fácilmente si tenemos en cuenta que cualquier aportación que navegue por el ciberespacio lo expande como consecuencia del efecto causado por un deseo compartido de comunicación; que cualquier aportación, por lo tanto, ambiciona rellenar los vacíos de universalidad que producen los medios de comunicación de masas. Y es que, en efecto, la comunicación ahora no se cierra como cuando damos por concluida la lectura del periódico o apagamos el televisor; las noticias no dejan de actualizarse permanentemente dentro de una diversidad de significados más o menos amplia: Internet «”está diseñado para garantizar que, a largo plazo, sea la verdad la que determine al grupo de evaluadores, y no al revés […] Si el grupo evaluador es incapaz de hacerlo, la comunidad se salta su arbitraje y crea nuevos canales”», señala Addulla, Rasha A. en su reflexión sobre los movimientos egipcios que apartaron del poder a Mubarak [2]Y añade «”[…] los medios sociales también jugaron un papel vital como modelo democrático… La estructura de los medios sociales enseñó a los egipcios que existe un espacio que puedes llamar tu propio espacio, donde se puede decir lo que se piensa”»; para terminar apostando por que:«” Los sentimientos de pertenencia a la red social podrían con el tiempo crear un sentido de comunidad real que no está presente en las comunidades árabes offline”» [3].

Tahrir_Square_-_February_9,_2011

Tahrir Square – February 9, 2011. Fuente:Wikimedia commons

Al difundirse por la red, los receptores pueden ahora apropiarse de los mensajes, recombinar sus elementos y transferirlos a otros interesados, actuación que supone de facto el abandono de la fragmentación y la homogeneización de la información emitida por los medios tradicionales. ¿Amanecemos así en el caos? Por supuesto que no. Sencillamente, construimos comunidades virtuales en las que compartimos proyectos e intereses a través de procesos de intercambio, y todo ello sin suponer un obstáculo ni las distancias geográficas ni las sujecciones institucionales a las que se deban sus participantes.

Descabezada la moral de sumisión, su lugar lo ha ocupado una moral de reciprocidad. Los internautas, desde luego, se oponen a cualquier forma de censura, y será la meritocracia, que como valor-guía comparten estas comunidades, la vara que mida los desatinos que puedan producirse en las difusiones.

Si, como nos dice la profesora Reig (@dreig), los datos de estudios sociológicos recientes destacan «cómo la confianza, la tolerancia, el apoyo social y la implicación social y comunitaria se ven aumentados gracias a la hiperconectividad social que vivimos»[4]; Si los conectados a las redes sociales disponen ahora de lugares de encuentro e intercambio en donde pueden resolver sus inquietudes construyendo lazos sociales libremente dentro de una relación desterritorializada, ¿ de verdad es Internet el peligro? ¿De verdad lo es, cuando, precisamente, su proceso siempre inacabado de interconexión es el que protege a las redes sociales de cualquier tentación totalitaria? Si realmente tenemos interés en combatir el peligro (o los peligros), la propuesta que planteo es que dirijamos la mirada hacia otros sectores del entramado social, para, después de analizarlos, poder prevalecer sobre lo que nos asusta.

[1] Berger, P. L. y Luckmann, T., modernidad, pluralismo y crisis de sentido. La orientación del hombre moderno, ediciones Paidós, Barcelona, 1997.

[2] Cita de su obra de 2011 « The Revolution Will  Be Tweeted», tomada de la obra de Tascón, M. y Quintana, Y., Ciberactivismo. Las nuevas revoluciones de las multitudes conectadas, ed. Los libros de la catarata, 2012, p. 27-28

[3] Ibíd., notas 20, 21y 22, p.93-94

[4] Reig, D., Socionomía. ¿Vas a perderte la revolución social?, Ediciones Deusto, Barcelona, 2012, pág. 84

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